
Esa mala compañía llamada ansiedad
Esa compañera que últimamente parece que vemos más que a nuestra propia familia, que aparece en los momentos más inoportunos y que nos quita las ganas de hacer cosas que nos hacen felices… esa mala compañera llamada ansiedad.
¿Qué decir sobre ella que no se haya dicho ya? Hay millones de post, libros y videos sobre ella, y como no me quiero repetir mucho para no aburriros, voy a hablar desde mi experiencia personal y en consulta.
¿Qué es realmente la ansiedad?
La ansiedad no es “estar un poco nervioso”. Tampoco es “tener muchas cosas en la cabeza” o ser una persona intensa. La ansiedad es una respuesta del cuerpo y la mente que, cuando se desregula, nos puede hacer sentir que algo va mal… aunque objetivamente todo esté bien.
A veces se manifiesta con pensamientos que no se callan ni debajo del agua. Otras veces, con palpitaciones, sensación de ahogo o la certeza de que “algo malo va a pasar”, aunque no sepamos qué.
Y lo peor es que no siempre sabemos de dónde viene. Solo sabemos que está ahí.
Lo que veo en consulta
Veo personas que llegan diciendo “no sé qué me pasa, pero no soy yo”. Personas que han aprendido a vivir con una inquietud constante, con el cuerpo en tensión, con dificultad para descansar —mental o físicamente.
La ansiedad se mete en lo cotidiano: en las decisiones, en las relaciones, en el cuerpo. Aparece como agotamiento profundo, bloqueo mental, falta de concentración, e incluso olvidos tontos que antes no pasaban. Como si tu cerebro estuviera en modo “pantalla azul” todo el día.
Y lo más duro: ese miedo silencioso y persistente a no poder salir de ahí. A quedarse así para siempre. A que nada funcione.
Cuando no entendemos lo que nos pasa, empezamos a culparnos. Como si sentirnos mal fuera un fallo personal. Como si “deberíamos poder con todo”.
Spoiler: no deberías poder con todo. Nadie puede. Y no pasa nada.
¿Y ahora qué?
No hay fórmulas mágicas. Pero sí hay caminos. A veces el primer paso es simplemente poder poner en palabras lo que te pasa. Poder decirlo en voz alta sin sentirte juzgado, sin tener que justificarlo todo.
El acompañamiento psicológico no borra la ansiedad con una varita, pero te ayuda a conocerla, entenderla y sobre todo, a dejar de vivir con ella como si fuera una invasora que manda en tu vida.
Si te resuena…
Si te has sentido identificado con algo de lo que has leído, quizás este sea un buen momento para parar y escucharte. A veces, hablar con alguien es más que suficiente para empezar a cambiar cosas.
Yo estoy aquí para eso. Sin fórmulas mágicas, pero con herramientas reales.