Nombre del autor:Pilar Santoyo

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Esa mala compañía llamada ansiedad​

Esa mala compañía llamada ansiedad Esa compañera que últimamente parece que vemos más que a nuestra propia familia, que aparece en los momentos más inoportunos y que nos quita las ganas de hacer cosas que nos hacen felices… esa mala compañera llamada ansiedad. ¿Qué decir sobre ella que no se haya dicho ya? Hay millones de post, libros y videos sobre ella, y como no me quiero repetir mucho para no aburriros, voy a hablar desde mi experiencia personal y en consulta. ¿Qué es realmente la ansiedad? La ansiedad no es “estar un poco nervioso”. Tampoco es “tener muchas cosas en la cabeza” o ser una persona intensa. La ansiedad es una respuesta del cuerpo y la mente que, cuando se desregula, nos puede hacer sentir que algo va mal… aunque objetivamente todo esté bien. A veces se manifiesta con pensamientos que no se callan ni debajo del agua. Otras veces, con palpitaciones, sensación de ahogo o la certeza de que “algo malo va a pasar”, aunque no sepamos qué. Y lo peor es que no siempre sabemos de dónde viene. Solo sabemos que está ahí. Lo que veo en consulta Veo personas que llegan diciendo “no sé qué me pasa, pero no soy yo”. Personas que han aprendido a vivir con una inquietud constante, con el cuerpo en tensión, con dificultad para descansar —mental o físicamente. La ansiedad se mete en lo cotidiano: en las decisiones, en las relaciones, en el cuerpo. Aparece como agotamiento profundo, bloqueo mental, falta de concentración, e incluso olvidos tontos que antes no pasaban. Como si tu cerebro estuviera en modo “pantalla azul” todo el día. Y lo más duro: ese miedo silencioso y persistente a no poder salir de ahí. A quedarse así para siempre. A que nada funcione. Cuando no entendemos lo que nos pasa, empezamos a culparnos. Como si sentirnos mal fuera un fallo personal. Como si “deberíamos poder con todo”. Spoiler: no deberías poder con todo. Nadie puede. Y no pasa nada.   ¿Y ahora qué? No hay fórmulas mágicas. Pero sí hay caminos. A veces el primer paso es simplemente poder poner en palabras lo que te pasa. Poder decirlo en voz alta sin sentirte juzgado, sin tener que justificarlo todo. El acompañamiento psicológico no borra la ansiedad con una varita, pero te ayuda a conocerla, entenderla y sobre todo, a dejar de vivir con ella como si fuera una invasora que manda en tu vida. Si te resuena… Si te has sentido identificado con algo de lo que has leído, quizás este sea un buen momento para parar y escucharte. A veces, hablar con alguien es más que suficiente para empezar a cambiar cosas. Yo estoy aquí para eso. Sin fórmulas mágicas, pero con herramientas reales.

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La autoayuda no siempre ayuda: cuándo es momento de buscar apoyo profesional

La autoayuda no siempre ayuda Cuándo es momento de buscar apoyo profesional Lecturas, frases motivacionales y redes pueden ser útiles… pero también frustrantes. Te pasas horas haciendo scroll frente a la pantalla de tu móvil y solo consigues sentirte peor, con una sensación de vacío y malestar. Vivimos en una era donde la información abunda. Basta con un clic para encontrar libros de autoayuda, podcasts inspiradores y frases motivacionales en redes sociales que prometen hacernos sentir mejor, más plenos, más felices. Y en muchos casos, pueden ofrecer alivio temporal o darnos una nueva perspectiva. Pero ¿qué pasa cuando, a pesar de todo eso, seguimos sintiéndonos mal?¿Qué ocurre cuando, en vez de ayudarnos, esas herramientas nos hacen sentir más solos, confundidos o incluso culpables por no “mejorar”? Cuando “pensar en positivo” no es suficiente Frases como “si quieres, puedes” o “tú eres tu propio límite” suenan bien… hasta que no funcionan.El problema de muchos mensajes de autoayuda es que simplifican en exceso emociones humanas complejas. Pueden hacer que quien sufre ansiedad, tristeza persistente o baja autoestima, sienta que no está “intentando lo suficiente”. En vez de ayudar, generan presión. Y si no logras cambiar con esas fórmulas, el malestar puede aumentar. La trampa silenciosa de la autoayuda La autoayuda puede ser útil como punto de partida. Pero también puede volverse una trampa cuando: Te hace sentir que deberías poder con todo tú solo/a. Te comparas constantemente con personas que “parecen tenerlo todo resuelto”. Crees que, si no mejoras, es culpa tuya. Vas de libro en libro, sin lograr cambios reales. En lugar de alivio, lo que muchas veces aparece es agotamiento emocional. Lo que una terapia puede ofrecer… y la autoayuda no La diferencia fundamental está en el vínculo. En terapia no estás solo/a frente a un texto o una pantalla: estás acompañado por un profesional que escucha, valida y guía tu proceso. ¿qué te puede ofrecer la terapia? Un espacio seguro para hablar sin juicio. Acompañamiento para comprender lo que te pasa desde una mirada profunda. Herramientas adaptadas a tu historia y tus necesidades. Un proceso de cambio realista, a tu ritmo. No se trata de que el psicólogo te diga qué hacer, sino de ayudarte a entender por qué te sientes así y cómo puedes avanzar. Buscar terapia no es rendirse. Es reconocer que mereces sentirte mejor. Que no estás solo/a. Que no eres débil por necesitar ayuda. Al contrario: es un acto de valentía y cuidado personal. Si la autoayuda te ha dado algo pero ya no es suficiente, quizá es momento de dar un paso más.Y ahí estaremos los profesionales de la salud mental, listos para acompañarte en este camino tan bonito que es la psicoterapia.  

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