El peso invisible de migrar y cómo la terapia a distancia puede aliviarlo.
El peso invisible de migrar y cómo la terapia a distancia puede aliviarlo. Migrar implica mucho más que cambiar de país. Supone enfrentarse a nuevas rutinas,otros códigos culturales y maneras distintas de relacionarse. Al principio predomina lacuriosidad y la energía del cambio; después, cuando la novedad se asienta, llega elverdadero reto: adaptarse sin perder el sentido de pertenencia. En consulta lo veo con frecuencia. Personas que emigraron llenas de ilusión,convencidas de que el cambio sería un salto hacia adelante, y que con el tiempodescubren que adaptarse también desgasta. En psicología llamamos a este procesoduelo migratorio, un reajuste emocional que implica reconstruir vínculos, rutinas eidentidad. No es una enfermedad, pero puede activar sentimientos de soledad, ansiedado pérdida de sentido. Buscar apoyo psicológico en ese contexto no siempre resulta fácil. Cambia el idioma,cambian los códigos sociales y hasta la forma de expresar las emociones. Lo que enEspaña se verbaliza con naturalidad, en otro país puede sonar exagerado o no encontrareco. Y a veces, la barrera no está fuera, sino dentro: el miedo a “no estar tan mal” comopara ir a terapia, o la idea de que pedir ayuda es rendirse. Por suerte, la tecnología ha acercado algo que antes parecía impensable: la posibilidadde recibir acompañamiento psicológico desde cualquier lugar del mundo. Laterapia a distancia permite mantener un espacio profesional y seguro con un terapeutaque hable el mismo idioma, comparta referencias culturales y entienda lo que significareconstruirse lejos de casa. Migrar implica mucho más que hacer una mudanza. Es, en muchos sentidos, empezarotra vida. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), más de3 045 000 personas con nacionalidad española residían en el extranjero a fecha de 1de enero de 2025, un incremento del 4,7 % respecto al año anterior. La mayoríapertenece a población en edad laboral, y un número importante son jóvenes menores de35 años. En 2022, más de medio millón de españoles se marcharon al extranjero, unflujo migratorio protagonizado en gran medida por población joven en busca dedesarrollo personal y laboral. Estos datos no son solo cifras demográficas: son historias de cambio, de desarraigo y deadaptación. Cada persona que se marcha deja atrás su red de apoyo y su idiomaemocional. Y en esa transición, es común que aparezcan sentimientos ambivalentes:orgullo por haber dado el paso y, a la vez, una cierta melancolía por lo que ya no está. Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE), Estadística de Migraciones 2022. Migrar también transforma la identidad. Lo que en el país de origen era parte de lanormalidad —la forma de hablar, de saludar, de trabajar— en el nuevo contexto sevuelve algo que diferencia. Muchos españoles en el extranjero describen esa sensaciónde estar “a medio camino”: ni completamente de allí, ni del todo de aquí. Desde lapsicología, entendemos que esta tensión entre pertenecer y diferenciarse puede generaruna confusión sutil, un ruido interno que a veces se manifiesta como ansiedad o apatía.Trabajar sobre esa identidad en movimiento es parte esencial del proceso terapéutico. Aunque no siempre deriva en un trastorno psicológico, este proceso puede manifestarseen sentimientos de tristeza, irritabilidad, ansiedad o confusión identitaria. Estasreacciones son comunes y, en muchos casos, transitorias, pero cuando la ansiedad semantiene en el tiempo puede convertirse en una carga silenciosa que interfiere con elbienestar cotidiano. En mi artículo Esa mala compañía llamada ansiedad profundizo encómo reconocerla y abordarla desde una perspectiva psicológica eficaz. Cuando una persona española busca terapia en otro país, se enfrenta a varios obstáculosinvisibles. El primero es el idioma emocional: aunque se domine la lengua local, ponerpalabras a lo que duele en un idioma ajeno puede generar distancia. También influye ladiferencia cultural en cómo se entiende la intimidad o el sufrimiento. Lo que enEspaña se expresa con cercanía, en otros contextos puede percibirse como excesivo opoco habitual. A esto se suman las barreras prácticas: horarios incompatibles, listas de espera, o ladificultad de encontrar un profesional con quien se sienta confianza. Según el MentalHealth Atlas 2020 de la Organización Mundial de la Salud, más del 60 % de lospaíses del mundo reportan escasez de profesionales de salud mental y desigualdad en elacceso a tratamientos. En ese escenario, la terapia a distancia se convierte en una opciónrealista y eficaz. La evidencia científica lleva años confirmándolo. Investigaciones como las deCarlbring y colaboradores (2018) muestran que los tratamientos psicológicos en línealogran resultados equivalentes a los presenciales en depresión, ansiedad o estrés,siempre que se mantenga una buena estructura terapéutica.Además, desde una perspectiva neuropsicológica, la comunicación por videoconferenciano interfiere con los procesos empáticos ni con la calidad del vínculo, siempre queexista sintonía profesional y emocional, como explica Simpson (2009). En la práctica, esto significa que la terapia a distancia no es una versión reducida, sinouna modalidad con dinámicas propias: más flexible, accesible y culturalmente sensible. A la hora de aprovecharla, hay algunos aspectos que marcan la diferencia. Verificar la formación del profesional. Asegurarse de que esté colegiado en España ytrabaje con un encuadre claro es la base de la confianza terapéutica. Cuidar el entorno. Reservar un espacio privado y tranquilo facilita que la sesión sea unverdadero encuentro emocional, no una conversación interrumpida. Mantener la constancia. La flexibilidad horaria es una ventaja, pero la regularidad eslo que sostiene el proceso. Buscar sintonía cultural. Expresarse en la lengua materna y con alguien quecomprenda los matices culturales mejora la comprensión y la alianza terapéutica. Integrar el trabajo entre sesiones. La modalidad online permite aplicar lasherramientas terapéuticas en el contexto real de cada persona, lo que acelera elaprendizaje y refuerza el cambio. En terapia, reconstruirse también significa integrar la experiencia migratoria.A menudo, el trabajo no se centra solo en aliviar síntomas como la ansiedad o latristeza, sino en dar sentido a la historia personal. En la terapia a distancia, el terapeutaacompaña al paciente a explorar qué aspectos de su identidad se mantienen, cuálescambian y cómo puede reconciliar ambas partes. La distancia geográfica se convierteasí en un escenario simbólico de crecimiento: permite mirar la vida desde fuera, conperspectiva, y transformar el desarraigo en una oportunidad de autoconocimiento. Migrar cambia más de lo que se ve desde
